Cuarentena (voz de Gloria Maroto)

Cuarentena

Mi corazón ya no reside en el devenir,
Sino en el canto de un pájaro solitario que responde al sonido de mis pasos ahogados en el silencio.

Mis pies son conscientes del tacto de las baldosas  y las cortas distancias que encierran cuatro paredes.

No se dirigen hacia adelante, sino en todas las direcciones.

No perciben un mañana, tampoco un ayer, tan sólo persiguen, como el tigre de Borges: “un instante cierto”.

Y tú, difuminada en mi memoria, te diluyes.

Trato de acariciar tu pelo en el aire y te deslizas y te deshaces entre mis dedos, como el humo.

Cuarentena

Tambores de muerte. Y una primavera henchida de vida asoma por mi ventana, disfrazada de mirlo que sostiene una ramita en su anaranjado pico.

Construyes tu nido no lejos de aquí -le dije-. Enséñame a volar y te prometo que iré contigo a verlo y hasta podría ayudarte.

Con gusto lo haría, mi solitario amigo -respondió- pero desconozco ese enemigo del cual te ocultas y también a mi me da miedo.

Entonces echó a volar y lo seguí con la mirada hasta verlo posarse en un arbusto cercano.

Yo, me di la vuelta y seguí vagando por la casa, en todas las direcciones, buscando, una vez más, vivir tan solo un instante cierto.