La conexión con nuestros muertos

 

-No porque ellos lo necesiten,
sino porque nosotros lo necesitamos-


Tengo nueve años. A las tres de la madrugada en punto se cae un cuadro de la pared de mi cuarto que llevaba años colgado allí. A los pocos minutos suena el teléfono. Nos informan de que mi bisabuela acaba de fallecer.

Me despierto porque alguien me esta tirando del pelo. Allí está sentada a mi lado en el borde de mi cama. Veo su silueta demasiado delgada, como en las últimas semanas de su vida. El día anterior habían incinerado lo que quedaba de su cuerpo demacrado por la enfermedad y la guerra contra ella. Entre la gente se escuchaba una y otra vez la afirmación de que, por fin se ha acababa su sufrimiento, pero ella lo que mas anhelaba era vivir, pienso yo.

Entiendo que mi amiga ha venido a agradecerme haberla comprendido. La miro con cariño mientras se levanta despacio, rodea la cama y sale por la puerta del balcón.

Estoy en el baño acurrucada al lado de la taza del váter, llorando. Mi padre me acaba de decir, que mi madre se ha suicidado de manera violenta esta misma noche. Siento tanto dolor en el cuerpo como si me hubiesen abierto con un cuchillo de arriba abajo. Tengo nauseas, pero no puedo vomitar, solo salen gritos de mi boca. En ese instante noto que alguien me arropa con una manta suave y muy ligera. Desde allí por la espalda y mis hombros, empieza a expandirse una sensación de paz absoluta. Mi respiración se calma. Sigo llorando, pero ahora con una leve sonrisa en la cara, sumergiéndome y dejándome acoger por este estado de confianza. Aunque no lo pueda entender, aunque lo este juzgando desde mi condición humana, siento y llego a comprender que todo esta bien, que todo tiene sentido.

Nos acabamos de bañar en el río. Tenemos los estómagos llenos de queso, aceitunas y almendras. Sin previo aviso empiezo a sentir unas ansias tremendas por volver al campamento. Es como en esas pesadillas, en las quieres correr y no te obedece tu cuerpo. Veo que mi hija me esta hablando, pero no puedo entender lo que me dice. Dejo de sentir las piernas y los brazos. No entiendo lo que esta pasando, es como si perdiera la conexión con la tierra. Cuando llego a la tienda, tengo un mensaje en el contestador, comunicándome que mi abuela de la que me separan 2000 km, pero a la que me une tanto amor, acaba de fallecer con mucho miedo y angustia.

Estoy recogiendo mi casa. Soy consciente que me encuentro en la fase del duelo después de la muerte de mi madre, sintiendo sobre todo enfado y rabia. Como si pensando en nuestras diferencias y conflictos me ayudara a sobrellevar su ausencia. De repente siento un impulso muy fuerte de buscar un calendario con fotos y citas que ella me había regalado hace años. Con el en las manos me siento en el sofá, muy despacio y con reverencia lo abro en una página al azar como si de unas cartas del tarot se tratara. “Cuando pienses en mi, acuérdate de los momentos en los que mas me querías”, pone en la página que abro. Gracias, le digo, no me lo podías haber dejado mas claro.

Nuestros muertos, los que se fueron, siguen siendo parte de nuestra vida. Todos tenemos la capacidad de conectarnos con ellos, porque somos Uno y no hay nada que este fuera de nosotros. Para fomentar la conexión simplemente hay que darle espacio y poner la intención y allí es donde entran los rituales.

Cuando ejercemos un ritual, toda nuestra energía se concentra como si se tratara de un laser, por eso es tan poderoso y efectivo. Los componentes primordiales para que pueda surgir la magia además de la intención, son los sentidos, el movimiento, la respiración, el cuerpo y el contacto directo con los elementos.

Con estos ingredientes la danza se llega a convertir en una experiencia espiritual en la que nos resulta fácil entrar y salir a otras dimensiones. Quitamos resistencias, desbloqueamos energías atascadas, ponemos la mente en pausa, nos abrimos en canal y podemos recibir y transmitir información. Esos mensajes nos pueden llegar en forma de frases claras y completas, pero también como imagen o sensación sentida.

Desde allí tenemos a nuestra disposición toda la sabiduría de nuestros ancestros y otras guías que nos acompañan en nuestro camino y solo están esperando que entremos en la vibración concreta para poder brindarnos su apoyo.
Podemos acceder a ellos siempre que queramos, para seguir sanando, perdonando y amando.

No porque ellos lo necesiten, si no porque nosotros lo necesitamos.

Evelyn Klamer

 

 

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