Mi primera experiencia con el Tantra II
María de los Ángeles

María de los Ángeles

Facilitadora de Tantra Blanco

 

Era una conexión tan profunda que en la distancia sentíamos que nos deseábamos y nos amábamos.

Cuando llegué a Madrid, después de esta maravillosa experiencia en la playa con mi mejor amigo, sentí que algo muy profundo se había transformado en mí. Sentía una gran apertura de mi corazón, un inmenso amor recorría todo mi cuerpo y todo mi ser, una extrema sensibilidad hacia todo y hacia todos. Mi impulso natural era abrazar a mi madre, a mis hermanos, a mis amigos, a los árboles (mi madre me enseñó a abrazar y sentir a los árboles)… ¡abrazar a la vida!

 

Impactada por mi primera experiencia tántrica, y borracha de amor, decidí visitar a mi maestra para que me ayudara a integrar todo esto que sentía. Fue un encuentro lleno de conexión y magia, que me ayudó a sentir que este era mi camino, un camino lleno de sanación, liberación, conexión entre almas, placer, éxtasis y expresión auténtica de mi verdadero ser. También, aparte de saber todo esto, fui consciente del miedo que tenía a encontrarme de nuevo con mi mejor amigo. Mi mente frenaba el encuentro y mi alma pedía a gritos encontrarme de nuevo con su energía, con su mirada, con sus abrazos y su gran amor. Ambos tardamos en encontrarnos porque, honestamente, había un poco de miedo.

 

Era una conexión tan profunda que en la distancia sentíamos que nos deseábamos y nos amábamos.

 

Durante los meses que físicamente no nos vimos, decidimos respetar nuestros tiempos de integración, si que sentía cómo su energía se comunicaba con la mía a través de los sueños; sentía que me visitaba, y yo a él. Era una conexión tan profunda que en la distancia sentíamos que nos deseábamos y nos amábamos.

 

Pasaron los meses y la vida nos hizo encontrarnos de nuevo. Un querido amigo común nos convocó para celebrar la entrada de la Navidad en su hermoso hogar. En un principio, mi miedo a verlo me frenaba para asistir a esta maravillosa reunión, pero decidí conectar con el corazón y dije: «¡Venga! vamos a disfrutar de una maravillosa velada a la luz de las velas y celebrando la entrada del espíritu de la Navidad».

 

«¡Venga! vamos a disfrutar de una maravillosa velada a la luz de las velas y celebrando la entrada del espíritu de la Navidad».

 

Así que, sin pensarlo, me puse bien guapa y allí que me presenté con mi mejor sonrisa. Cuando llegué al hogar de nuestro querido amigo común, respiré profundamente y sentí que esa noche iba a ser tremendamente mágica. El aroma a incienso, las velas blancas con las llamas chispeantes, la decoración Navideña y el hermoso corazón del amigo que había creado ese ambiente, me anunciaba que de nuevo tendría un encuentro bello.

Y, de repente, nuestras miradas se cruzaron, miradas llenas de vida, ¡chispeantes de ilusión y alegría por volvernos a ver! Una inmensa sonrisa se dibujó en nuestros rostros, y nuestros corazones latían con fuerza, bailando de felicidad por nuestro nuevo y esperado encuentro. Nos saludamos tímidamente, pero a medida que pasaba la noche, disfrutando de nuestros amigos, disfrutando de una deliciosa cena con un delicado buen vino, íbamos perdiendo la timidez y dejando que nuestros cuerpos y energías se fueran acercando cada vez mas, hasta que la noche poco a poco nos dejó solos en un encuentro uno en frente del otro, mirándonos a los ojos, sin pronunciar palabra, sintiendo el centro de nuestro pecho, cómo la luz que desprendían nuestros corazones nos iba envolviendo y, respirando profundamente, cogidos de las manos, respirando todo el amor que desprendíamos los dos.

 

«Guauuu», qué intensidad, emoción y éxtasis, acariciando sus manos, entrando en su mirada y respirando profundamente. Envueltos en este ambiente, tan cálido y amoroso, de una forma natural nos acercamos poco a poco el uno al otro, y nuestros labios, suavemente, se fusionaron en un eterno y maravilloso beso, que fue como comer una fresa envuelta en chocolate negro, ¡delicioso, sabroso y muy placentero!

 

Nos saludamos tímidamente, pero a medida que pasaba la noche, disfrutando de nuestros amigos, disfrutando de una deliciosa cena con un delicado buen vino, íbamos perdiendo la timidez y dejando que nuestros cuerpos y energías se fueran acercando cada vez mas…

 

Fue nuestro primer beso, nuestro primer contacto físico después de sentir que nuestras energías se visitaban. Solo fue ese beso, pero fue tan profundo que sentí que me hacía el amor como si estuviera entrando en mi templo sagrado.

 

Desde aquel día ya no nos volvimos a ver hasta meses después. Aun así, fueron unas de las Navidades mas hermosas que he vivido, y que nunca olvidaré. Sentía que mi corazón iba a explotar de gratitud y amor hacia todo lo vivido, como fuegos artificiales de colores en el cielo.

 

En los próximos artículos os contaré como sentí físicamente (tantra rojo) aquellos fuegos artificiales junto a él, y a otros maravillosos hombres con los que he compartido mi energía, cuerpo y corazón.

 

¡Con todo mi amor, os deseo unas maravillosa fiestas Navideñas y feliz año nuevo!

 

Mª Ángeles Molina
(Facilitadora Tantra Blanco)

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