Posturas de Yoga, un reflejo de nosotros mismos

 

Alguna vez leí una frase que me hizo mucho sentido, “Las posturas de Yoga (Asanas) comienzan en el momento en el que quieres salir de ellas”. Me identifiqué totalmente con eso. Soy de los que piensan que cada postura tiene una enseñanza que darte, algo tuyo muy personal que mostrarte, y cuando hay una postura que te agobia o te molesta o te inquieta, es porque hay algo que no quieres ver de ti mismo o de tu realidad.

Las Asanas son como la vida misma, cada una tiene su propio fin. Además de que son como un medidor que te muestran cómo estás ese día. Hoy puedes hacer una Asana que te sale a las mil maravillas y la disfrutas a más no poder, y el día de mañana, esa misma postura, te cuesta incluso mucho más que el primer día que la hiciste. Eso es porque cada una de ellas nos muestra cómo estamos en ese momento, y no sólo a nivel físico, sino también a nivel psicológico y emocional. Son un reflejo de nosotros mismos.

Por eso la importancia de hacerlas una y otra vez, la importancia de hacer las posturas que son un reto, la importancia de permanecer en ellas cuando queremos dejarlas. Obviamente, cuando hablo de permanecer en ellas, no quiero decir que si estás a punto de lesionarte, continúes en ella, me refiero a que hay que discernir qué te hace querer dejar la postura, qué te inquieta, y tratar de ver qué quiere mostrarte y enseñarte. Verlas a cada una de ellas como un Maestro, como un espejo, como a la Vida misma.

A veces nos hacemos boicot a nosotros mismos diciendo frases como:

No puedo
Esta postura no sirve para nada
Ya fue suficiente
No soy bueno para esto
Esto no me servirá de nada
No debería

Frases como estas son las mismas que decimos en el día a día cuando no queremos o no nos atrevemos a hacer algo. Cuando sales de tu esterilla y enfrentas la vida, ¿dices estas mismas frases? ¿La manera en la que aceptas las posturas son las mismas con la que enfrentas la vida? Obsérvate, medítalo. Namaste.

 

Eduardo García

Instructor de Hatha Yoga.