Sexo Tántrico
El sexo es un rito mistérico. Una experiencia de fusión física, sentimental, energética y espiritual con otro ser humano, y también con la Vida, con lo Divino, con el Misterio.

“Reconoce que no sabes hacer el amor, se humilde” Esta contundente frase dio vueltas y más vueltas por mi cabeza, y por todo mi cuerpo, durante una buena temporada. Yo era muy, pero que muy soberbio, me resistí muchísimo a aceptar que no sabía hacer el amor. Tras un buen montón de frustraciones y algunos talleres de Tantra, como alumno, comencé a ser humilde.

La sabiduría empieza por un sencillo “creo que no sé”.

 

La frase es de Barry Long, un gran maestro tántrico. La enuncia al principio de su libro Haciendo el amor: Amor sexual. El Modo divino. Es una de las lecturas que más me han influido en mi vida. Dice tanto en tan pocas páginas que suelo regalárselo a mis parejas al principio de la relación.

 

El sexo es un rito mistérico. Una experiencia de fusión física, sentimental, energética y espiritual con otro ser humano, y también con la Vida, con lo Divino, con el Misterio.

 

Uno de los grandes problemas de la humanidad es que el sexo fuese reprimido durante muchos siglos por razones de control social, político y religioso. Y que se haya vulgarizado y comercializado durante los últimos 70 años, tras la revolución sexual de la década de los 60. Pasamos de la represión al libertinaje olvidándonos de que el sexo se practica desde el Amor y la Presencia.

Sexo convencional.

 

Cuando practicamos sexo convencional el motivo principal es la descarga de energía, evidentemente existen otros motivos como sentir placer, cariño, intimar, acurrucarnos, engendrar, evitar la soledad, conseguir cosas o derechos, ser atrevidos, poder contarlo, evitar el aburrimiento… pero la razón principal es descargar la energía sexual o vital, nos hace sentir incómodos. Si no podemos o no queremos tener relaciones sexuales con otra persona acudimos a la masturbación como instrumento de expulsión energética y de relajación.

 

Seguro que os estáis preguntando la razón por la cuál nos sacarnos la energía sexual del cuerpo. La respuesta es sencilla: nos obliga a sentir. A sentir aspectos de nosotros que nos gustan, pero también aquellos que nos disgustan o nos producen miedo. Un ejemplo claro de esto que expongo son los bloqueos emocionales. Sin alguno de nosotros tiene pavor a afrontar los conflictos, sean del tipo que sean, cargado de energía vital le será más difícil escabullirse.

 

Lo mismo ocurre si queremos evitar la tristeza, el miedo existencial o cualquier otro sentimiento o emoción “desagradable”.
El sexo convencional se basa en la fricción de los genitales, en compulsivas y mecánicas penetraciones. En el aumento constante de los ritmos cardiaco y respiratorio, en la tensión muscular, en la excitación corporal y mental, y en el abandono de los sentimientos y emociones más sutiles en favor del morbo. Esto trae como consecuencia un incremento energético tremendo que finaliza en un orgasmo explosivo. Sentimos placer y nos relajamos pero al poco tiempo un vacío inexplicable acude a visitarnos. Es tan común sentirnos así que creemos que no puede ser de otra manera.

Tantra.

 

El Tantra procura la movilización, la expansión y el mantenimiento de la energía sexual por todo nuestro ser.
Movilizamos la energía desbloqueando la zona pélvica y volviendo a respirar de manera natural. La expandimos cuando relajamos el cuerpo, la tensión es como una gran presa acumuladora de energía. A través del masaje y el tacto consciente logramos sensibilizar los músculos, entonces podemos dejarmos imbuir por las sensaciones más sutiles y extáticas. Conseguimos mantener la energía sexual o vital mediante la Presencia y el Amor, sosteniendo con valentía lo que la vida nos quiera ofrecer.
Cuando hacemos el amor desde el Tantra nos disponemos a entregarnos al Misterio de la Vida ¡Nos disponemos a sentir! La experiencia sexual tántrica verdadera es creativa, natural, espontánea, viva, inconmensurable… puede ser amable, cuidadosa y también poderosa, salvaje, carnal o espiritual. ¡Nada en concreto que hacer, ni que esperar!
El buen sexo no sabe de técnicas, ni de contracciones pubocoxigeas, ni de “bombas sexuales”, ni de órbitas microcosmicas con lenguas y paladares, ni de contar respiraciones, ni de tener libros explicativos debajo de la cama.

¡El sexo se siente no se piensa!

 

El buen sexo tántrico es Verdad desnuda, es Amor. Es sostener al otro cuando llora, cuando sana sus heridas, cuando saca su dolor, eso se llama Presencia. Es fundirte con las lágrimas o con las risas o con los gemidos o con el éxtasis de tu amante, y tu amante con los tuyos. Es adorar al hombre o la mujer que tienes enfrente y a los que existen dentro de ti. Es perder la noción del tiempo, es perder la cabeza y sentir, sentir, sentir… lo que somos, lo que no somos, y más allá…
KiKe Gómez Rubio
Facilitador de Talleres De TANTRA
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